Las revoluciones liberales del siglo XIX

El intento de la Restauración por suprimir los logros alcanzados en la Revolución Francesa y volver a un sistema de monarquías absolutas fracasó. Ejemplo de ello son las revoluciones liberales de 1820, 1830 y 1848.
Deben contextualizarse en la Europa de comienzos del siglo XIX caracterizadas por:

•  Inestabilidad política por las tensiones entre las fuerzas del antiguo régimen que intentan permanecer en el poder sin perder sus privilegios (Europa de la Restauración) y las nuevas fuerzas políticas lideradas por la burguesía (procesos revolucionarios).

•  Cambios en el orden económico producidos por el proceso de industrialización que van cambiando las estructuras económicas de los países, y van a tener importantes consecuencias en el orden social con la aparición del movimiento obrero.

•  De forma sintética se podría definir como la filosofía política orientada hacia la salvaguardia de la libertad del individuo.

Las sociedades políticas del liberalismo europeo se caracterizan por:
Régimen político de Monarquía limitada
Constitución escrita
Elecciones y partidos políticos
Sufragio censitario
Descentralización
Igualdad jurídica
Desigualdad social

•  Los anhelos de independencia de las nacionalidades existentes en Europa cobran cada vez más fuerza. Los principales elementos que integran el concepto de nación en el pensamiento de los revolucionarios de comienzos del siglo XIX radica en tres aspectos fundamentalmente:
La autodeterminación política
La peculiaridad cultural y lingüística
La pureza étnica

La Revolución de 1820
Dentro del panorama político de ese momento nos encontramos con distintos movimientos que podríamos agrupar en dos apartados fundamentalmente en función de sus causas:
España
Pronunciamiento militar de Riego intentando restablecer la Constitución de 1812 y derribar el absolutismo impuesto por el rey Fernando VII.

Otros movimientos:
•  Rusia y los Estados Pontificios.
•  Independencia de las colonias/territorios americanos de España.
•  Independencia de Grecia

Hacia 1820 Grecia se encontraba bajo el Imperio Turco. Es una ocupación más por intereses económicos, políticos y geográficos que de otro tipo. La ocupación turca, la carga económica, la presión política provocó el descontento de la población griega por lo que a comienzos del siglo XIX nos encontramos con importantes fuerzas de oposición.

En el caso de Grecia confluyen además intereses de las grandes potencias europeas de entonces:
Rusia: por sus aspiraciones de llegar al mediterráneo por los Balcanes
Austria: Por un deseo de expandir sus dominios en la zona
Francia e Inglaterra: Se muestran recelosas ante la posible expansión territorial de Rusia por la zona y se manifiestan en contra.
Una serie de acontecimientos favorecen la sublevación de los nacionalistas griegos, lo que provoca que tras una serie de conflictos en los que se ven inmersos algunos países europeos, Grecia alcance la independencia en 1830.

La Revolución de 1830
Dentro del panorama político de ese momento nos encontramos con distintos movimientos que podríamos agrupar en dos apartados fundamentalmente en función de sus causas:

Revolución en Francia
Carlos X sucede en el trono a Luis XVIII, y su llegada al poder supone un retroceso respecto al régimen de la Carta otorgada al suprimir algunos de los logros alcanzados en épocas anteriores.
Tras los acontecimientos revolucionarios que salpican a Francia los días 27, 28 y 29 de julio de 1830, los sectores más moderados y monárquicos que apoyan la revolución presentan como nuevo candidato al trono a Luis Felipe de Orleans, conocido como el rey de las barricadas aludiendo a su origen revolucionario.
Su llegada al poder supone para Francia un cambio dinástico, la casa de Orleans por la de los Borbones, y político: se recupera la Carta Otorgada de 1814 si bien se la da unos retoques más liberales como son la supresión de ciertas limitaciones/libertades como era la supresión de la censura para la prensa; se acepta la soberanía nacional y se amplía la base electoral, y se separa la Iglesia y el Estado.


La independencia de Bélgica
Entendida como la revolución "tipo" de revolución nacional dentro de las revoluciones de 1830. El nuevo reino estaba integrado por Holanda y Bélgica y estaba gobernado por la dinastía de Orange Nassau. La unión de los dos países era artificial y se encontraba cargada de problemas además de un gran desequilibrio entre las ventajas que los holandeses ostentaban frente a los belgas.
¿Cuáles eran esos problemas?:

Políticos:
Desigualdad entre holandeses y belgas. La Constitución subordinaba a los segundos de los primeros
Económicos:
Frente al desarrollo industrial belga, Holanda tenía una economía mucho más tradicional (comercio y agricultura). La economía belga necesitaba además un periodo de protección para su economía mientras que la economía holandesa se inclinaba más por una economía basada en el librecambio.
Religiosos:
Distinta religión: Protestantes / Católicos
Culturales:
Distinto idioma: francés y neerlandés coexisten en un principio pero luego se va a imponer el segundo.



Esta situación va creando cada vez un mayor malestar entre la población belga a la vez que se también en aumento las reivindicaciones nacionalistas que consideraban que Bélgica más que unida se encontraba sometida.
Las noticias de la revolución de Paris sirven de estímulo a los belgas quienes se levantan contra los holandeses en agosto de 1830, levantamiento que se irá extendiendo y generalizando en sus apoyos. El gobierno provisional creado va a declarar la independencia de Bélgica en octubre de 1830, solicitando el apoyo francés.
Pero la situación poco a poco se va internacionalizando pues Guillermo I va a solicitar el apoyo de las potencias que le han apoyado en 1815. El mapa político europeo se divide en:

Francia apoya a los belgas

Rusia y Prusia junto con los holandeses

Más difícil y ambivalente es la postura de los ingleses quienes por un lado son conscientes de su apoyo a Guillermo I y a la filosofía de la Europa de la Restauración, temen una posible expansión de Francia a Bélgica, pero también y esto pesa más en la decisión final , tienen una rivalidad comercial con los holandeses.
Esta compleja y difícil situación va a ser solventada por la coyuntura internacional. Polonia va a iniciar un proceso revolucionario por lo que el zar de Rusia, el más proclive a apoyar a los holandeses, se ve obligado a sofocar primero el levantamiento polaco. Mientras, en Bruselas un Congreso con poderes constituyentes se va a decantar por la monarquía eligiendo a Leopoldo de Sajonia Coburgo como primer soberano.
En 1831 se aprobó la Constitución, que ha sido considerada como la expresión más clara de la ideología liberal presente en los movimientos revolucionarios de los años 30.

La Revolución Polaca
En esas fechas se encuentra bajo dominio de Prusia, Austria y principalmente de Rusia. Simultáneamente, en la zona bajo dominio ruso se desarrolla un movimiento independentista liderado por la burguesía y parte de la nobleza.
La sublevación belga va a ser aprovechada por los polacos para iniciar diversos levantamientos, con la creación incluso de un gobierno provisional en Varsovia. Sin embargo, los rusos rechazan cualquier cambio e imponen su poder por la fuerza de las armas. Sofocada la revolución polaca, el zar impondrá una dura represión y suprimiendo las concesiones de autonomía hasta entonces vigentes. Todo ello provoca el exilio de casi cinco mil polacos.

Los intentos revolucionarios de Alemania e Italia
Sin entrar en un análisis pormenorizado, cabe destacar que los intentos revolucionarios acontecidos en Italia y Alemania en la década de los años 30 tienen su origen en las reivindicaciones liberales, pero también en las nacionalistas en un intento de conseguir la unidad nacional de ambos países. Se debe de tener en cuenta para los posteriores procesos de unificación de finales del siglo XIX.

La Revolución de 1848
A la altura de 1848 el mapa revolucionario europeo sólo conserva un testigo, Bélgica. El resto de los países en donde se produjeron procesos revolucionarios no han fructificado, tal es el caso de Italia, Alemania o Polonia. Mención especial cabe realizar de Francia en donde el giro conservador realizado por Luis Felipe de Orleans a partir del año 1832 supone una traición a la revolución que le ha llevado al poder.
Hacia 1848 Europa vivirá una nueva ola revolucionaria con similitudes con la de 1830 pero también con características propias muy peculiares.

Francia
El aislamiento del régimen de Luis Felipe de Orleans era cada vez más evidente por parte de las distintas clases sociales, mientras que la fuerza de los grupos republicanos era más fuerte.
Los acontecimientos revolucionarios en los que participan las masas obreras se precipitan en febrero de 1848 lo que provoca la abdicación del rey, y la creación de un gobierno provisional y la República.
Pero los problemas no se solucionan sino que se agravan por el enfrentamiento entre la burguesía, que intenta controlar la revolución y llevarla en la dirección que les interesa, y el proletariado que quiere lograr y materializar sus reivindicaciones.
Esto provoca duros enfrentamientos que se saldan con un alto número de víctimas y un giro conservador del régimen republicano en el que aparece tras su victoria en las elecciones Luis Napoleón Bonaparte como nuevo Presidente. Este hombre irá cada vez ocupando más poder hasta conseguir mediante un golpe de Estado en 1851 instaurando el II Imperio francés hasta el año 1870.



Austria
La influencia del proceso revolucionario francés es evidente en el caso austríaco. Se intentan llevar a cabo ciertas reformas obligados por la presión revolucionaria. En otros territorios del imperio plurinacional también se oyen rumores revolucionarios: Hungría, Bohemia, Praga, pero serán meros intentos.

Alemania
Nuevamente los acontecimientos franceses sirven de impulso a las reivindicaciones alemanas. El proceso revolucionario alemán logra ciertas conquistas de carácter liberal sin embargo sigue pendiente la unidad nacional. Lo importante del proceso revolucionario alemán es que pondrá las bases del proceso de unificación posterior.

Italia
Con similitudes con el alemán. Un proceso revolucionario con raíces liberales y nacionales que no se concreta, quedando pendiente la unificación nacional.


El Nacionalismo y la Formación de los Estados

El concepto de nación alude a una unidad, lingüística y geográfica que ocupa un determinado territorio, pero que no siempre está ligada a la existencia de un Estado.
Al comenzar el siglo XIX en Europa occidental la mayoría de los estados correspondía a una nación particular; de este modo, Francia equivalía a la nación francesa. Sin embargo, en muchas partes, el Estado abarcaba más de una nacionalidad. Gran Bretaña, por ejemplo no sólo incluía a la nación inglesa, sino también a escoceses e irlandeses. El imperio Austro-Húngaro, por su parte, abarcaba a algunos estados alemanes, otros italianos, Hungría y parte de Europa oriental.
 A lo largo del siglo se fue fraguando un fuerte sentimiento nacionalista en la mayoría de los pueblos europeos que los llevó a intentar establecer un Estado para cada nación. Pero además, el ideal de autonomía se vio mezclado con las aspiraciones liberales y con todos los movimientos sociales de la época.
Uno de los signos del despertar nacionalista fue el protagonismo que adquirieron las lenguas nacionales. Los intelectuales y las universidades se esforzaron por que el idioma de la nación se convirtiera en la lengua oficial del país. Vale decir, que los libros, la prensa y los documentos oficiales se escribieran en polaco, checo, rumano o húngaro, por ejemplo.

         Los movimientos nacionales tuvieron un éxito desigual en Europa:
En la región occidental, Inglaterra logró mantener a Irlanda bajo dominio, pero no consiguió aplacar el movimiento independentista Irlanda que sigue activo hasta el día de hoy.
Suiza y Bélgica lograron constituirse en naciones con gobiernos liberales hacia 1830.
En Europa central y oriental, la constitución de los estados nacionales fue obstaculizada por las monarquías absolutas, cuyas posesiones territoriales comprendía varios pueblos. Únicamente los estados italianos y alemanes lograron independizarse, Alemania logró la unificación en 1866 e Italia en 1870.
En Europa oriental las monarquías absolutas debieron lidiar con las revoluciones de carácter nacionalistas y hacer concesiones a los distintos pueblos a lo largo del siglo, sin embargo, estos se mantuvieron como parte del imperio Austro-Húngaro y Ruso por lo menos hasta 1914.